Las denominadas quimeras interespecíficas (organismos que contienen células de diferentes especies) podrían contribuir a que la creación de un órgano cuando se necesite deje precisamente de ser una quimera, una ilusión. Pero a corto plazo ofrecen aplicaciones no menos interesantes, como un mejor conocimiento de la evolución de las especies, la embriogénesis humana (el desarrollo en las primeras fases hasta convertirse en feto) y la progresión de enfermedades, según explica Juan Carlos Izpisúa Belmonte, al frente del Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk (California).
La revista Cell publicó esta semana los resultados obtenidos hasta ahora por su equipo en esta línea de investigación. Los científicos han conseguido por primera vez integrar células humanas en embriones de cerdo. Pero antes de dar ese paso con los cerdos que se encuentran en una granja en Murcia, en una primera etapa del trabajo crearon una quimera ratón-rata introduciendo células de rata en embriones de ratón.
Para esto, utilizaron la técnica CRISPR de edición del genoma (el famoso corta y pega genético) en cigotos fecundados de ratón. Primero se eliminó la expresión de un determinado gen crucial para el desarrollo de un órgano concreto y después se introdujeron las células madre de rata en los embriones para ver si rellenaban ese hueco generado. A medida que el organismo maduraba, las células de rata llenaban ese espacio y formaban tejidos funcionales del órgano concreto. Empezaron con el páncreas, y siguieron con el ojo y el corazón.
Se sabe que la interacción con el medio ambiente provoca los cambios epigenéticos (los que se dan por la epigenética, las marcas químicas que alteran el funcionamiento del gen sobre el que se sitúan), pero este descubrimiento plantea si ese otro ambiente, el que rodea al embrión, afecta también el comportamiento de los genes y su desarrollo. «Epigenética y ambiente están ligados. Sí que sería una de las causas posibles y es una de las preguntas que nos hemos hecho e intentamos resolver», asegura Izpisúa.
«En los últimos años hemos visto avances emocionantes en el campo de las células madre pluripotentes humanas y la comprensión de que existe más de un estado de pluripotencia», comenta Izpisúa. Se refiere el investigador albaceteño a la revolución que supuso en 2012 la técnica de Shinya Yamanaka, que le valió un Premio Nobel, mediante la cual se consigue dar marcha atrás al reloj biológico de una célula adulta para transformarla en una pluripotente (iPS), similar a las células madre que hay en los embriones, es decir, conseguir células madre sin necesidad de manipular embriones. Y posteriormente los distintos tipos de iPS: naive, que representan un estado de desarrollo más temprano, y primed, más desarrolladas pero aún pluripotentes. El equipo de Izpisúa ha generado un tercer tipo de pluripotentes que se encuentra entre ambos estados de desarrollo, las iPS intermedio.
El investigador señala que el siguiente paso será diseñar «una condición de cultivo que sea capaz de mejorar la contribución de las células humanas. Una estrategia adicional es combinar la mejora de las células humanas con la edición de cigotos de cerdo mediante la tecnología CRISRP-CAS9 para facilitar y dirigir la integración de las células específicamente en un tejido determinado en el organismo receptor». Izpisúa recalca que por último, pero no menos importante, están desarrollando «una estrategia de edición genética/epigenética para evitar que las células humanas contribuyan al cerebro y a la línea germinal», tema éticamente espinoso, como señalaba el científico.
El trabajo es un paso más hacia el camino de crear órganos humanos en incubadoras animales. De hecho, Izpisúa le ha dedicado el estudio a Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes que se jubila en marzo tras 28 años al frente de este organismo. «Para mí el quehacer diario de la ONT y de Rafa ha sido una fuente de inspiración continua para llegar hasta aquí, y es algo de lo que todos los españoles debemos de estar muy orgullos», incide Izpisúa Belmonte.
En el trabajo, además del Instituto Salk de EEUU, participan científicos de la Universidad Católica de Murcia, que promueve y financia el proyecto, la Fundación Pedro Guillén, la Clínica CEMTRO de Madrid, la Universidad de Murcia y el Hospital Clinic de Barcelona.
Este contenido ha sido creado por un humano, recomendamos consultar siempre primero a un humano antes que una IA.
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