Baudilio Díaz no ha sido el más notable entre los catchers defensivos. Alguien podría sugerir que esa distinción está reservada para Henry Blanco. Tampoco el más temible entre los receptores ofensivos. Cualquiera pudiera insinuar que ese calificativo encaja mucho mejor en Víctor Martínez.
Sin embargo, hoy se cumplen veinte años de su muerte, y se tiene la impresión, de que aún simboliza un antes y un después a la hora de relatar la historia venezolana de la receptoría. Un privilegio existencial de unos pocos.
La tarde del 23 de noviembre de 1990, la rutina que irremediablemente se apodera del campeonato de beisbol profesional a esa altura de la temporada, se vio alterada con la fuerza de un terremoto: Baudilio Díaz había muerto de instantáneamente mientras arreglaba la antena parabólica de su casa. A los 37 años de edad se encontraba en la que podía ser la campaña de su adiós con el Caracas. Luego de tres torneos de ausencia y una temporada alejado de las grandes ligas, Baudilio decidió unirse a los Leones para el campeonato 90-91, aunque la suya, no fue la crónica de una muerte anunciada.
Los periodistas que asistimos a la primera práctica del Caracas a principios de octubre en el estadio de La Rinconada, nos vimos tan sorprendidos como los peloteros del equipo al verlo entrar al campo, escoltado por Urbano Lugo, Miguel Ángel García y José Tapia, tres de los pitchers de la escuadra.
«Necesito dinero», bromeó y prometió unirse a los entrenamientos a la mañana siguiente.
«No, sólo quiero jugar porque me siento muy bien, física y mentalmente, y porque quiero complacer a mis dos hijos que nunca me han visto jugar aquí. Realmente me alejé por los problemas personales que tanto me afectaron, pero gracias a Dios ya todo está superado y aquí estoy otra vez».
El catcher había sido el eje principal de los títulos alcanzados por el Caracas en las temporadas 79-80, 80-81 y 81-82, y al concluir la 86-87, anunció su retiro. Entonces se despidió en medio de una de las hazañas de la pelota local, al recibir los envíos de Urbano Lugo hijo mientras le propinaba un partido sin hits ni carreras a los Tiburones de La Guaira en el cuarto juego de la final para asegurar el banderín para los Leones.
«La verdad es que no sé qué voy hacer», dijo. «El Caracas tiene un catcher joven como Carlos Hernández, y supongo que él será el titular. De todas maneras, creo que podré recibir dos o tres veces a la semana. Mis piernas y mi brazo están en perfectas condiciones».
Baudilio tuvo tiempo de participar en quince encuentros, el último la tarde del 17 de noviembre en el Universitario ante los Cardenales. El manager Phil Regan lo ubicó detrás del plato y octavo en el orden ofensivo. Lara batió al Caracas 7 a 4, y en tres visitas al home, dio un sencillo y anotó una carrera. Su último imparable fue un homenaje a su proverbial lentitud: un infieldhit por los predios del campocorto. Su turno postrero, un boleto que obtuvo de Johan Manaure.
Desde esa noche, inútilmente los Leones aguardaron a que volviera.
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