Ciudad del Vaticano.- El papa Benedicto XVI proclamó beato a su predecesor, Juan Pablo II, durante una imponente y multitudinaria ceremonia en la plaza San Pedro que congregó a casi dos millones de personas provenientes de todo el mundo en la capital italiana.
El Papa, que llevaba la casulla y la mitra de Juan Pablo II, pronunció la solemne fórmula en latín con la cual elevó a la gloria de los altares a su predecesor, con quien colaboró durante 23 años, destacó AFP.
«Concedemos que el venerado siervo de Dios Juan Pablo II, Papa, sea de ahora en adelante llamado beato», proclamó.
Un largo aplauso y gritos de «Santo Subito» (santo de inmediato) estallaron en la plaza, llena de gente que enarbolaba banderas de numerosas nacionalidades, entre ellas polacas, españolas y mexicanas.
Para que Karol Wojtyla se convierta en santo es necesario que se le reconozca un milagro en el marco de un proceso de canonización, lo que podría hacerse «dentro de unos años», explicó más tarde el número dos del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.
La emoción reinó entre los representantes de 86 delegaciones de países extranjeros
Con olor a santidad
«Percibíamos el perfume de su santidad», dijo en su homilía Benedicto XVI, quien elogió «la fuerza de un gigante» que logró «invertir» la tendencia de «la sociedad, la cultura y los sistemas políticos y económicos» a abandonar el cristianismo.
Una fotografía de 1995 de un sonriente y saludable Wojtyla, desplegada en el balcón central de la basílica, fue desvelada al momento de la proclamación.
El culto litúrgico del nuevo beato será celebrado el 22 de octubre de cada año, en el aniversario del comienzo del pontificado de Juan Pablo II en 1978.
La beatificación del primer Papa polaco de la historia, quien falleció el 2 de abril de 2005 a los 84 años tras una larga enfermedad, es el paso previo a la canonización y se llevó a cabo en un tiempo récord.
En total 22 jefes de Estado y de Gobierno asistieron al evento, entre ellos los presidentes de México, Felipe Calderón, de Honduras, Porfirio Lobo, y el controvertido presidente de Zimbabue, Robert Mugabe.
Felipe y Letizia, príncipes de Asturias, los reyes Alberto II y Paola de Bélgica y los duques de Gloucester (primos de Isabel II) estaban entre los presentes.
Ante el féretro de Juan Pablo II y una preciosa reliquia con su sangre, expuestos en la basílica para veneración, desfilaron durante horas cientos de fieles, hasta hoy al amanecer.
Unas 280 personas sufrieron malestares y desmayos. El cardenal español Agustín García Gasco Vicente, de 80 años, ex arzobispo de Valencia, falleció en Roma de un infarto poco antes de la ceremonia.
A la capilla de San Esteban
La sepultura definitiva de los restos de Juan Pablo II se realizará sucesivamente en forma privada en la basílica de San Pedro, en la capilla de San Sebastián, al lado de la capilla en donde se encuentra la célebre estatua La Piedad de Miguel Ángel, en el ala derecha del templo.
La beatificación de uno de los pontífices más populares de la historia reciente, que viajó por todos los rincones del planeta y utilizó todo tipo de medios de comunicación para llevar su mensaje al mundo, convierte su papado en uno de los emblemas de la Iglesia de la era moderna.
El pontífice juvenil, deportivo, accesible, que escalaba montañas, esquiaba y bromeaba, fue inflexible sobre temas como el control de la natalidad, el aborto y el divorcio.
La seguridad fue estricta: amplios sectores de Roma, a kilómetros del Vaticano, quedaron cerrados al tráfico automotor, helicópteros surcaron el cielo, lanchas policiales recorrieron el cercano río Tíber y unos 5.000 agentes uniformados patrullaron las barricadas para asegurar que los religiosos, las delegaciones oficiales y los poseedores de pases VIP pudieran llegar a sus lugares.
Un lugar especial tuvo la hermana Marie Simon Pierre Normand, la monja francesa que sufría mal de Parkinson pero cuya inexplicable curación ha sido atribuida a la intercesión de Juan Pablo II con Dios para hacer un milagro.
Durante el oficio ella y sor Tobiana, asistente de Juan Pablo por más de 30 años, llevaron la reliquia a la ceremonia.