Héctor “Pepito” Romero insistió antes del partido de este jueves ante Marinos de Anzoátegui en Puerto la Cruz, que ese juego sería uno más para él. Pero en ese encuentro, hizo su retorno por primera vez al gimnasio Luis Ramos, desde que fue cambiado a Trotamundos de Carabobo, en el pasado mes de diciembre.
El lenguaje corporal de Romero ciertamente reflejó que para él tal vez fue otro simple partido porque en toda la noche estuvo calmado, pero para la afición de Marinos, todo fue muy distinto. Le dejaron claro que a pesar de que él es oriundo de Puerto la Cruz y contribuyó en grande en los títulos conquistados por los navales en 2005 y 2009, ahora lo ven como a un rival más al que desprecian.
“Pepito” arribó a la cancha a las 6:39 pm, hora y 20 minutos antes del horario previsto para el salto entre dos. Bajó del autobús de Trotamundos sin mayor alboroto, pero asediado por varios medios de comunicación que querían obtener alguna imagen de él. Por primera vez ingresó al camerino de visitante en la conocida “Caldera del Diablo”, desde que lo hiciera en 1998 cuando era un rookie con el propio Trotamundos, conjunto con el que casualmente inició su carrera en Venezuela.
Restando 24 minutos para el arranque del juego, Romero piso el tabloncillo para salir a estrechar con su nueva camiseta y de inmediato los abucheos por parte de los aficionados se hicieron sentir. Tres primos de “Pepito” que estaban ubicados cerca de la prensa fueron los únicos que escuchamos aplaudir.
Minutos después el presentador oficial de Marinos, llamó al centro del tabloncillo al escolta Dennis D’Adezzio, quien también pasó a Trotamundos en el cambio junto a “Pepito”, para que recibiera su anillo de campeón logrado el año pasado con la nave. D’Adezzio sí fue aplaudido y luego otra vez en la presentación oficial del equipo. Para el anzoatiguense, en cambio volvieron a llover los abucheos.
Cuando los jugadores de ambas franquicias se disponían a ingresar a la cancha para dar inicio al duelo, un grupo de aficionados sentados en la parte de atrás de la banca del Expreso Azul, sacaron billetes y comenzaron a gritarle al internacional jugador venezolano “lambucio, lambucio”. Más tarde, restando 3:14 minutos de ese primer cuarto, la barra empezó a gritarle pecetero. El miembro de la selección nacional no jugó en 2011 con el conjunto de Anzoátegui por no llegar a un acuerdo económico.
La cosa no había pasado a mayores, hasta que en el tercer cuarto, algunos desadaptados arrojaron objetos a la banca visitante. D’Adezzio, que anteriormente había sido aplaudido fue uno de los impactados y hasta estuvo a punto de irse a las manos con alguno de los involucrados. El partido se detuvo durante unos ocho minutos, pero la situación fue controlada eficazmente por el personal de seguridad, que retiró de la instalación a un fanático y reforzó el lugar con efectivos de la Guardia Nacional. Santo remedio. Allí los radicales bajaron la guardia y el espectáculo continuó con normalidad, aunque obviamente hubo más insultos hacia el número 33.
Al final, Trotamundos perdió el partido en el cierre con algunas pérdidas de balón. En dos de ellas estuvo involucrado Romero.
Lo de anoche fue un contraste con la última vez que el jugador de 32 años había jugado en la “Caldera”. Esa ocasión fue en el juego del recordado triple de Donta Smith desde mitad de cancha, en el quinto de la final de 2010 ante Cocodrilos de Caracas, que dio el triunfo a Marinos y envió la serie de regreso a la capital, cuando los saurios casi saboreaban el cetro.
Aquel domingo Romero junto a Smith fueron sacados en hombros. La imagen del venezolano parado en la mesa técnica con lagrimas en los ojos y celebrando con la afición aún se recuerda. Muchos de esos que festejaron con él esa vez, anoche le faltaron el respeto.
A su salida del gimnasio tras el partido, Romero estuvo fuertemente custodiado por personal de seguridad. Intentamos abordarlo pero su respuesta fue: “¿Tu me vas a ayudar allá afuera después?”. Sabía que cerca del autobús de Trotamundos había gente esperándolo.
Mientras se desplazaba, algunos aficionados locales volvieron a insultarlo hasta que ingresó al vehículo. Esa escena es frecuente en el Luis Ramos después de los partidos, contra los rivales más despreciados.
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