CARACAS.- Amaga, pisa y vuelve a arrancar. Se frena, espera y tira un centro de tres dedos. Pudo haber pateado al arco como sabe hacerlo o intentar otro regate antes de soltarla. Con la pelota siempre pegada a su zurda, Yohandry Orozco es capaz de desquiciar a casi cualquier rival que tenga al frente.
Hoy su pierna izquierda es el eje de esta selección sub-20 criolla que busca un puesto en el próximo mundial juvenil de Colombia, pero lo que pocos saben es que en su rodilla el marabino guarda un secreto. Una cicatriz y un oscuro recuerdo de una noche de agosto de 1998. “Estábamos saliendo de un partido del Suramericano (sub-17 jugado ese año en Maracaibo), un Guatemala-Colombia y en una curva un carro sin luces nos llegó por detrás”, comenzó el relato su padre, Sadys.
“Saliendo de la curva un carro sin luces nos llegó por detrás y terminamos en el sentido contrario de la vía, por suerte no venía ningún carro porque pudo ser peor. En lo que pudimos nos paramos y me di cuenta que Yohandry no estaba, lo empezamos a buscar por todos lados pero se había salido por una ventana. Estaba tendido en el asfalto con la rodilla totalmente destrozada, se le veía hasta el hueso, aunque por suerte no tenía fractura y el doctor que lo trató, que no recuerdo el nombre aunque debería, lo cosieron por dentro y por fuera y él se pudo recuperar”.
Sin embargo, esa recuperación tampoco fue sencilla, “él se ponía a jugar hasta con un pote de jugo y yo tenía que regañarlo”, contó el padre. Desde entonces, en la familia Orozco le apodan la “zurda biónica” a la rodilla de Yohandry. “Creo que desde ese momento él fue un mejor jugador. Imagino que se tenía más confianza”, opinó Sadys. Como si necesitara ayuda.
«Desde chiquito siempre fue difícil quitarle la pelota. Yo recuerdo que él jugaba futbolito y a veces se llevaba a cinco y a seis, no la soltaba hasta que metía el gol”, rememora su madre, María Teresa, quien lo vio jugar desde los cinco años en el Rómulo Gallegos, una cancha de fútbol sala contigua al Pachencho Romero y luego, desde los 14 años, ya en fútbol de campo, primero con las inferiores del Unión Atlético Maracaibo, luego con la camiseta del Zulia y ahora con la Vinotinto.
Sobre él reposa buena parte de las opciones de esta sub-20 un conjunto al que maneja desde la mitad del campo este Orozco, un zuliano de padre barranquillero y madre venezolana que sufrió de lo lindo entre los cuadernos del bachillerato -los cuales escribía con la derecha- pero que disfruta cada vez que puede tener la pelota cerca de del pie, bien pegada de su peligrosísima “zurda biónica”.
Perú: Examen de coraje
Hace dos años, la sub-20 de César Farías -quien ayer se incorporó al equipo en Perú-, comenzó su participación en el Suramericano con dos empates ante Argentina y Ecuador y no fue hasta la tercera fecha, casualmente también ante Perú, que el equipo levantó el vuelo y se enrumbó hacia el hexagonal.
Hoy el calendario arroja similitudes con aquel dulce recuerdo de 2009. Será Perú está noche el rival que determinará si los puntos cosechados ante Uruguay y Argentina valen para algo. Una victoria ante el golpeado cuadro inca sería un impulso vital, pero una derrota dejaría casi en la lona a los criollos.
La gran diferencia estará en el fondo físico y en el coraje de Venezuela, que afrontará el juego con sólo un día de por medio ante un rival que no juega desde el miércoles y que tuvo cuatro días para reponer fuerzas. En ese ínterin, el técnico, Gustavo Ferrín habría decidido cambiar de portero, colocando a Carlos Caceda en el lugar del cuestionadísimo Víctor Ulloa.
Alineaciones probables:
.Perú: Caceda; Ascues, Requena, Callens; Donayre, Ojeda, Ubierna, Zapata, Carrillo; Cueva y Bazán.
.Venezuela: Lima; Villarroel, Chancellor, Rivero, Lujano; González, Suárez, Peraza; Orozco, Reyes y Febles.
Hora: 8:40pm.
Escenario: Estadio Monumental UNSA, de Arequipa, con capacidad para 60.000 espectadores