De acuerdo a los nutricionistas hay que comer vegetales crudos al menos una vez al día. En ensaladas antes del primer plato, acompañando a la carne o como plato fuerte en la cena, junto con pescado o una tortilla de huevos. También es recomendable como entrada fría o guarnición. La presencia de la verdura cruda en la dieta garantiza un aporte diario de vitaminas y minerales que se pierden al ser sometidas al calor o al ser hervidos al momento de cocinarse.
El componente mayoritario de cualquier verdura es el agua y su valor energético es muy bajo, pero este valor aumenta cuando se les añade aceite o salsa durante la preparación culinaria. Aportan pocas proteínas, su contenido en grasa es ínfimo y de composición saludable debido a la ausencia de ácidos grasos saturados. Todas las verduras aportan fibra. Y jamás debemos olvidar que éstas nos brindan casi todas las vitaminas ( con excepción de la D y la B12, exclusivas de los alimentos de origen animal). Además el consumir de vegetales crudos nos permite poder disfrutar de su sabor original.
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Por ello los vegetales tanto crudos como cocidos son uno de los pilares fundamentales en la dieta mediterránea de la que ya hemos hecho mención en reportajes anteriores.